sábado, 19 de noviembre de 2011

Cafetería Unión.

Era una fría noche de invierno, llovía y veía la gente correr, un auténtico desfile de paragüas y chubasqueros, el viento movía las gotas suavemente, yo no corría pues no tenía a donde ir. Me refugié en un soportal, al igual que tu y yo hacíamos antes, ví una cafetería, la misma donde solíamos ir a pasar las frías tardes de invierno...
¿Te acuerdas como la conocimos? Fué cuando me besaste y empezaste a correr por toda la ciudad hasta que nos encontramos frente a esos cristales. Me armé de valor, suspiré y empujé la puerta haciendo sonar ese gracioso cascabel que tenía, me senté en la misma mesa de siempre. Un camarero se acercó, el que nos solía atender, pedí un chocolate y churros, el camarero me peguntó y ¿La chica que lo solía acompañar? Le respondí se ha ido... ¿a donde? Pues... de mi corazón. Lo siento, dijo. Yo vacilé con la cabeza, dandole a entender que no quería hablar del tema.
Fué a prepararme todo lo pedido, yo empezé a mirar por la ventana, veía la lluvia caer y la avenida iluminada por bellas luces navideñas. Abrí mi cartera y saque un pequeño cuaderno de notas y un boli, empezé a dibujarnos en épocas mejores. El camarero me trajo todo lo pedido, empezé a beberme el chocolate, y me recordó al sabor de tus besos en esa misma cafetería.
Estaba yo inmerso en tiempos mejores cuando sonó esa graciosa campanilla, escuché una voz que me resultaba familiar, hice un esbozo de levantar la mirada cuando vi al camarero señalando hacía mi mesa y te ví avanzar hacía mi.
Quizás tu tampoco me podías olvidar, quizás la lluvía y esa cafetería era lo que nos había vuelto a juntar...

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